LOS HERALDOS NEGROS Rui Díaz & La Banda Imposible presentan Los heraldos negros, una historia de amor y muerte. Todo comienza con una huida. LA CASA EN LLAMAS Todos salimos a ver cómo ardía. Padre con el coche y las maletas listas. Madre con lágrimas de falsa alegría. Para ver cómo ardía... «Empezaremos de nuevo», eso decían. «Todo será mejor allá donde vamos». Me pregunto si sabrían que era mentira. Para ver cómo ardía...

Ray se ve obligado a matar para hacerse un hombre y poder sobrevivir en su mundo, un mundo rodeado de sangre donde la inocencia sólo nace para poder morir.

 

BALAS PEQUEÑAS PARA RAY

 

Las manos pesan con el arma entre ellas,

 

pero más pesan por lo que tendrás que hacer.

 

Te dices a ti mismo que no tienes miedo,

 

pero, en el fondo, sabes que no tiemblas sólo de frío.

 

Serás un hombre al apretar el gatillo.

 

Tal como te enseñaron, junto a la sien.

 

Que no haya opción de fallar el disparo,

 

pues sólo así un niño aquí puede crecer.

 

Hazlo ya, aprieta el gatillo.

 

Hazlo ya, aprieta el gatillo.

 

Que nadie te vea al cambiarte la ropa.

 

Enjuaga pronto la sangre de la piel.

 

Deshazte de esa pistola cargada

 

y de los restos de lo que fuiste ayer.

 

Cabeza alta al pasear por el barrio.

 

Que te conozcan y te teman también.

 

Pues el respeto aquí se mide por miedo.

 

Que sepan que de estas calles tú eres el rey.

 

Hazlo ya, aprieta el gatillo.

 

Hazlo ya, aprieta el gatillo.

Años más adelante, Ray se ha dejado vencer por el mundo en el que creció. La vida carece de sentido, no así la muerte. Pero, de repente, aparece algo en su vida que la dota de sentido: una mujer.

Puede que al principio no le diga lo que hace para vivir, puede que sí. Eso no importa. Su vida cuando no está con ella no importa. Y los únicos momentos que cobran algo de importancia son aquellos en los que están juntos, tal vez en una habitación de hotel, entre las sábanas.

 

HOTEL MASADA #202

 

El tiempo no nos hará inmortales,

 

pero en esta cama me siento un dios.

 

No te vayas de aquí... No te vayas de aquí...

Ella le pregunta por su pasado, tal vez intentando descubrir entonces cuál podrá ser su futuro.

 

CIUDADES ROTAS

 

Hay botellas vacías donde yo nací.

 

La hierba está podrida, no hay nadie allí,

 

sólo mis fantasmas, esperando por mí.

 

Me atrapa mi pasado...

 

No me preguntes qué es lo que ocurrió allí.

 

No me preguntes qué fue de mí, qué era yo antes de ti.

 

La ciudad estaba muerta antes de huir

 

o fueron los pecados que dejamos allí

 

los que la pudrieron hasta su raíz

 

y ahora hay casas vacías...

 

No me preguntes qué es lo que ocurrió allí.

 

No me preguntes qué fue de mí, qué era yo antes de ti.

 

Los pecados no te persiguen, viven en ti, a tu sombra atados.

 

Igual que las ciudades no se rompen, tan sólo su recuerdo, tan sólo tú.

Pero el único destino que pueden tener es la huída y eso es algo que Ray sabe que acabará pasando. Sin embargo, aunque tenga que huir de todo, no dejará que nadie le haga huir de ella.

 

NANA PARA NIÑAS GRANDES

 

Cuando tengas frío, abrázame.

 

Cuando tengas miedo, abrázame.

 

Cuando no queden más cosas que perder.

 

Cuando sólo podamos echar a correr.

 

Cuando tengas frío, no te soltaré.

 

Cuando tengas miedo, no te soltaré.

 

Cuando dejes de quererme, no te soltaré.

 

Cuando dejes de quererme, abrázame.

Llega el momento. Hay que salir corriendo. Si le quiere, tendrá que escapar con él. Que no le pregunte lo que ha hecho. Que no sepa quién es para los demás, que no sepa quién dicen los demás que es; que él sólo es él cuando está con ella. Lo que piensen los demás no importa. No ha llegado el momento de pagar por sus pecados. No si eso significa perderla. Antes escaparán. Y que nadie se interponga en su camino... o se arrepentirá.

 

ALGO DE SUERTE

 

Se acercó a mí con las manos manchadas de sangre.

 

No me preguntes qué es lo que he hecho.

 

Es hora de salir de aquí corriendo.

 

Todavía podemos cambiar nuestras vidas.

 

Podemos tener, al fin, algo de suerte.

 

No metas nada más que lo imprescindible.

 

Bastamos tú y yo y un poco de suerte.

 

Tuvieron que morir, mejor no preguntes.

 

Todavía podemos cambiar nuestras vidas.

 

Podemos tener al fin algo de suerte.

 

La carretera es como una serpiente

 

que se enreda entre las ruedas del Cadillac.

 

No parece que la frontera esté muy cerca,

 

pero, al menos, estamos lejos de querer parar.

 

Sólo buscan un hogar aquellos que nunca tuvieron.

 

Daría todos los ladrillos por algo de suerte en su lugar.

 

Todavía podemos cambiar nuestras vidas.

 

Podemos tener, al fin, algo de suerte.

Huyen.

 

CARRETERAS SECUNDARIAS

 

Ahora que miro atrás

 

y la carretera parece arder...

 

El tiempo pasará y tú te irás, pero aquí,

 

dormida en el coche, junto a mí,

 

parece que durará.

 

No es muy difícil echar a andar

 

sabiendo que nadie nos va a esperar,

 

sabiendo que no ha sido más

 

que otra ciudad donde jugar a ser felices

 

sabiendo que no durará.

 

Ahora que miro a el horizonte

 

parece arder...

Pero no. No iban a tener suerte. Y Ray es llevado preso. Sin poderle culpar por ninguno de sus grandes delitos, acaban llevándole a juicio por un delito menor. Tres años de condena, pero el suficiente tiempo para que ella desaparezca.

 

VÉRTIGO

 

Cuando salí de prisión, ya estaba muerto.

 

Por un delito menor fui al infierno.

 

Años lejos de ti, con tu recuerdo,

 

y luego solo al salir no estabas allí.

 

Cuando salí de prisión, quise una vida

 

y, de pronto, me arrastró una vieja herida:

 

amigos, drogas y alcohol, los viejos tiempos

 

vienen pronto a esconder malos recuerdos.

 

Y luego solo al salir no estabas allí.

 

Porque quiero cambiar, pero no puedo.

 

Porque quiero cambiar, pero no puedo.

 

Porque quiero cambiar, pero no puedo.

 

Porque quiero cambiar, pero no puedo.

 

Nadie quiere contratar a un ex-convicto,

 

no se fían de mí, tampoco yo mismo.

 

Debo aparentar lo que antes era,

 

otro perdedor más de un barrio cualquiera.

 

Y luego solo al salir no estabas allí.

 

Que se parezcan a ti busco en las esquinas.

 

Mi boca sabe a burdel y a fruta podrida.

 

Es muy difícil seguir sin una salida.

 

Y luego solo al salir no estabas allí.

 

Porque quiero cambiar, pero no puedo.

 

Porque quiero cambiar, pero no puedo.

 

Porque quiero cambiar, pero no puedo.

 

Porque quiero cambiar, pero no puedo.

 

Un calibre 22 en la guantera

 

con sólo una intención: ponedme a prueba.

 

Mi vida le dijo adiós a como era.

 

Desde ahora hasta el fin sólo la carretera.

 

Y luego, al verme salir, tenías miedo de mí.

 

Y entonces viene el autoengaño, el buscarla, encontrarla, volverla a perder, decirle que la odia, que probablemente la odie, pero que eso sólo signifique que la sigue queriendo. Y, por fin, entender que todo fue sólo un espejismo, que desde el primer momento nunca tuvo una oportunidad real de escapar de su barrio, de su mundo de sangre y violencia, que desde que disparó aquella pistola siendo un crío se condenó. ¿Y cuál fue la peor condena de todas? Tener la esperanza de poder escapar de su propio infierno.

 

SERVICIO DE LAVANDERÍA

 

Por mucho que lo intentaste, no volvió a pasar.

 

Por mucho que quisimos, ya nunca fue igual.

 

La cama vacía no me deja en paz.

 

Las sábanas frías no pueden matar.

 

No, déjame en paz, déjame en paz.

 

Ya ni siquiera te odio.

 

No, déjame en paz, déjame en paz.

 

Ya ni siquiera te odio.

 

Los buenos momentos no vuelven jamás;

 

son ropa podrida, llena de humedad.

 

Las puertas se cierran, no se abren ya más.

 

No quiero dejarte... dejarte entrar.

 

No, déjame en paz, déjame en paz.

 

Ya ni siquiera te odio.

 

No, déjame en paz, déjame en paz.

 

Ya ni siquiera te odio.

 

Es hora de decir adiós.

 

Quiero que te largues de aquí.

 

No, déjame en paz, déjame en paz.

 

Ya ni siquiera te odio.

 

No, déjame en paz, déjame en paz.

 

¿No ves que todavía te quiero?

ANTES DE SOÑAR

 

Sabes que me iré y no dejaré nada detrás de mí.

 

Si algún día quieres saber cómo fue de verdad,

 

no dejes que la memoria te engañe,

 

tampoco estuvo tan mal.

 

Te hice reír, te hice llorar,

 

y, a veces, pareció que iba a funcionar.

 

Siempre se nos dio fatal

 

mentirnos y creernos

 

que queríamos ser como los demás.

 

Con un patio y un jardín

 

y niños correteando, gritando: «papá».

 

Quizás si me quieres buscar, hazlo allí,

 

allí donde van los sueños que matamos

 

antes siquiera de soñar.

Todo ha sido un espejismo. No puede ser feliz. No merece ser feliz. Nunca será feliz. Pero eso no le impide seguir escapando. De los demás, de ella y de sí mismo. Mirando hacia un pasado falso o hacia un futuro que no existe.

 

LOS HERMOSOS VENCIDOS

 

Esto no iba a ser así.

 

Para esto no vine aquí.

 

Me mintieron, me dijeron

 

que iba a ser feliz.

 

«Está todo en tus manos»,

 

repetían sin cesar.

 

El futuro puede ser de verdad.

 

«Eres un privilegiado»,

 

«todo lo conseguirás».

 

Pero el tiempo ha pasado,

 

no pude volar.

 

Soy hermoso y vencido,

 

como estatua en un jardín.

 

El hedor de las palomas

 

me recuerda que perdí.

 

Eu sou bonito e derrotado,

 

como estátua num jardim.

 

O fedor dos pombos

 

lembra-me que eu perdi.

 

Por favor, que isto se acabe,

 

não quero voltar, voltar...

 

a acreditar nesses sonhos

 

que nunca vão voltar.

CAMINOS DE VUELTA

 

He pensado tantas veces en volver

 

al lugar donde nací...

 

Cuando todo en mi vida iba bien

 

y corría por placer.

 

Pero no está, no está, no está.

 

No está, no está, no existe ya.

 

He pensado tantas veces en huir

 

y volver donde nací...

 

Cuando todo en mi vida va fatal

 

creo que allí sería feliz.

 

Pero no está, no está, no está.

 

No está, no está, no existe ya.

 

He viajado por mil pueblos y jamás

 

encontré algo similar.

 

Puede que el tiempo maquille la verdad.

 

Quiero creer que fue real.

 

Pero no está, no está, no está.

 

No está, no está, no existe ya.

LO QUE QUERÍAN DE MÍ

 

Cuando vuelvan por mí

 

no les digas que jamás pude ser lo que querías de mí.

 

Jamás lo intenté,

 

por favor, diles que nunca quise ser lo que querían de mí.

 

 

El viaje de Ray termina aquí, al menos uno de ellos, resignándose a su destino

y aceptándose como un heraldo de la muerte.